Mittwoch, 30. April 2014

Maibaum, el arbol de mayo y la fiesta del baile de mayo

Walpurgisnacht und Hexenfeuer
 La noche de Walpurgis y el fuego de las brujas


Walpurgisnacht.
 Originalmente
 se metia mucho ruido y
 se pitaba se tocaban tambores,
 para ahuyentar los malos espiritus de la oscuridad.

Mas tarde el cristianismo,
 tomo esta fiesta, como una fiesta contra  las brujas y
 los druidas guiados por el diablo.
 El nombre de  Walpurgis viene de:
 Walburga una abadesa inglesa (710.779).
 Era la patrona de las labradoras y las chicas de servicio.
 También la protectora de los ilusionisas,
  y  protectora contra los ogros y los brujos.
  El 1 de mayo era el día  de la santa Walburga.
  La fiesta de Walpurgis se empezó a conocer en Brocken (Harz),
 La primera fiesta organizada tuvo lugar en 1899.
 Los fiesteros incluso pudieron  viajar con el brockenbahn.
 Una especie de teléferico.
 En los ultimos tiempos se ha convertido en una fiesta  multitudinaria,
 una macro fiesta que se diria ahora.

 En algunas partes de Alemania, más hacía el sur,
 existe la tradición del árbol de mayo.
Es como un reclamo de las personas que no están casadas.
Ponen un  árbol delante de la casa de la pretendida ( adorada), según he leido.
Normalmente lleva un corazón en rojo,
 con el nombre de la persona y
 montón de papelitos de colores.
 Después de un mes se recoge el árbol y a cambió le regalan una caja de cerveza, (al que lo recoge).
 En lo años bisiestos el árbol lo ponen las chicas.
Lo que las chicas reciben de regalo, cuando recogen el árbol,
si es que lo recogen,
 no lo he leido ni oido en ninguna parte.

 Con el tiempo se ha ido perdiendo el verdadero significado.
 En otros sitios se pone sencillamente el árbol  en el centro del pueblo
 y se recuerda que el invierno ha terminado.
 Es una forma de fomentar el espíritu de unidad.
 En está pequeña ciudad donde vivo no tenemos el árbol del mayo,
 pero tenemos las fiestas de baile.
 Espero que  lo paséis muy bien y
¡ que las fiestas y las hadas os sean propicicas! 
 Feliz día.

Maitea y Luna




Jardines del castillo
Friedberg/Hessen

Foto de google.

Sonntag, 27. April 2014

las fresas y las cagadas de los elefantes.





fresas floreciendo
Luna, en la ciudad vieja


 Hola,

El trabajo del jardín y del campo están en pleno apogeo.
Veo que ya  estan poniendo las casetas de venta de fresas,
 las de esparragos ya están,
 ya empezó la temporada,
 ahora vendrá la de las fresas.

A mi me gustan mucho, y en macetas tengo unas pocas y
 otras pocas en el jardín.
Leyendo un poco por aquí y por allí,
 miré que puedo hacer para que mis fresas salgan lustrosas.
 He leido una anécdota que me gustó muchísimo.

Contó alquien que cuando un circo llegó a la ciudad hace años,
su abuela fué al circo con dos calderos
 para recoger las cagadas de los elefantes para sus fresas
 y
 este chico cuenta que en su vida comió fresas
 tan grandes y tan sabrosas.

Bueno hace mucho que no viene el circo pero estoy pensando pedir en el zoo las cagadas de los elefantes,
mientras me conformo con el abono que dan los caballos,
he pasado por el picadero que hay
 a preguntar si me pasan un cubo con el abono.
Mientras espero que las fresas crezcan.
Las que llegan de España, las deben recoger
muy pronto para que no se estropeen y
 llegan muy bonitas de aspecto,
 pero sin sabor casi.
De verdad, les falta ese punto dulzón.

Felices días, hoy pasados por agua.
Maitea y luna





Samstag, 26. April 2014

La fiesta de las rosas

empieza a florecer
Hola,

seguimos con las fiestas,
 este mes y el que viene es un no parar.
Ha empezado todo a florecer y como de vez en cuando llueve,
 casi parece que estamos en el trópico.
Nadie diria que esto es Alemania.
Bueno,
 entre las mil cosas que hay,
 tenemos aquí al lado un pueblecito que se dedica a las rosas.
Tambien tienen otras cosas de agricultura,  pero es conocido por la rosas,
 ya que tiene un criadero bastante importante.
Todos los años hay algo relacionado con ello,
los años pares hay un "Korso" es decir,
 carrozas de rosas y colores,
 aromas y todo lo relacionado con ellas.
Este año como es par toca el desfile de carrozas,
 y los años impares tienen lo que llaman "días de rosas": "Rosentage"

 Hay de todo
 desde mermeladas hasta perfumes, también guantes, delantales, sombreros, jabones,
 porcelanas y claro está flores de rosas naturalmente.
 Es increible todo lo que hay alrededor de las rosas,
 cuando fuí a visitar los invernaderos pensé:
¡ cielos! así me imagino yo la campiña inglesa
casita para pajaros
es una maravilla,  ese olor,  esa fragancia, ese disparate de colores.

Felices y perrunos días.
 luna y maitea
















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Freitag, 25. April 2014

el trébol de cuatro hojas

Hola,

sigue haciendo un tiempo increible, tanto que he sacado los geranios al jardín.
Aunque los alemanes me dicen que antes de los santos fríos,  " Eisheiligen"
 no debería sacarlos. Algo así como alrededor del 11 al 15 de mayo.

Paseamos a la orilla del río, la perra y yo, todas felices y cuando hace este tiempo los alemanes salen de casa que parece que van de romeria.
!Qué barbaridad!
Te los encuentras por todos sitios, ya he comentado que tener un perro da para muchas conversaciones.
Hablo muchísimo con la gente, normalmente personas mayores que les encanta pasear,
en cuanto hace buen tiempo
 y también porque los huesos agradecen los rayos de sol,
¡para que más que la verdad!
Bueno paseando veo a una señora buscar algo o recoger algo del suelo,
 le pregunto -¿se le ha perdido algo?
- y me responde no,
me dice:
"mire lo que tengo"
 Yo ya asustándome y pensando
" ay cielo santo" que me ha tocado hoy,
pero veo que tiene en su mano tréboles, pero no los de tres hojas
sino de "cuatro hojas"
 sin trampa ni nada,
 y me dice  que los descubrió por casualidad y
 que a veces hay algunos de cuatro hojas entre los de tres, no muchos,
 pero alguno de vez en cuando.
Pienso:
"  ah, bueno una mutación quizás,
  a veces pasa".
Un  poco entre trébol y trébol me cuenta un poquito de todo,
 pero a mí en ese momento me interesan más los tréboles,
en total ha conseguido cinco.

Le cuento que ahora hay unas plantas con tréboles de cuatro hojas,  criados ya específicamente para regalar.
Contesta:
  -que lo sabe, pero que no es lo mismo.
 y ahí pienso que tiene razón, no es lo mismo,
encontrar un trébol de cuatro hojas, que comprarlo.
Yo en el jardín hasta ahora solo tengo de tres, ahí os dejo una foto.
 espero a que lleguen los de cuatro.

Saludos  perrunos y también felices días.
 


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Mittwoch, 23. April 2014

Libros y rosas

Hola,
hoy día del libro y de rosas.
Esta tradición tan catalana me encanta.
Quería hablar de un par de autores alemanes que me gustan mucho, son bastante conocidos.
Uno de ellos es Michael Ende ¿ quién no conoce la historia interminable?
 pero mi preferido de él,
 es Momo,
 tan bonito y tan real,
 increible el mensaje,
 sencillamente me encantó e impresionó.

 Hay otro autor que quizás para algunas personas no sea tan conocido,
 según mi experiencia,
 en Alemania, es conocido por una minoria,
 pero yo lo descubrí y quede impresionada tiene dos libros referentes
 a la historia española que son increibles.
 El autor se llama Lion Feuchtwanger y tiene un libro que se llama:
 Goya,
 que es impresionante y el otro se llama:
 la Judia de Toledo.
 Espero disfrutéis del día. Hoy con sol.
 Ahí está mi perra tumbada al sol,
 sin moverse lo más minimo, solo  cuando llega el cartero.
 Feliz día.                                                                         



Dienstag, 22. April 2014

He encontrado una carta en la red, ¡es preciosa!
 Habla de que recibió un perro y volvia a casa contento porque el perro siempre lo esperaba
 Es de  Francisco Crescimbeni, según he leido.
Me pareción tan bonita,  que pensé que es algo para publicar aunque seguramente ya habéis leido algo así.
Creo que todo el mundo que ha pasado por ello, sabe lo que hay.
Cuando llegó nuestra perra a casa,
 también hicimos las mismas fotos:  de llegada y años después,
y  pasamos por experiencias parecidas, como la de volver felices y rápidos a casa
 porque la echabamos de menos y nos estaba esperando,
y la fiesta o
 la reunión o lo que fuese no era tan divertida y la perra estaba sola.
Hoy nuestra perra tiene 11 años y se comporta como una vieja dama,  con sus manias y sus testarudeces.
 Sí, se ha vuelto un poco testaruda,
que le vamos a hacer,
 a saber como nos volveremos nosotros.
Después de estas minivaciones volveré con un poco más de tiempo.



Saludos y perrunos días








Aquí os dejo la carta.

En abril de 1999 todavía tenía 6 años. No conocía al 90% de la gente que conozco hoy, no sabía nada de lo que sé hoy, y creo que ni siquiera me conocía a mí.

De un día para el otro, tuvimos una perra en casa. Nos revolucionó. Cambió la energía de todo. Ya no era llegar a casa, era llegar y que te hiciera una fiesta, sólo, pero sólo porque llegabas. Era compartir medio colchón. Era tener todas las cosas mordidas y llenas de pelos. Era levantarte del sillón porque quería salir, para abrirle la puerta. Y a los dos minutos volverte a levantar porque quería entrar. No le tenía miedo a nada, salvo a los empleados de Coto a domicilio. Posta. Ni de Carrefour, ni de Jumbo, solo a los empleados de Coto. Misterios que jamás voy a resolver.

Los perros absorben. Absorben todas nuestras miserias, nuestras frustraciones. Nos descargamos con ellos. Y en vez de devolvernos eso, nos quieren. Nos aman. Nos aman sin pedir nada a cambio, más que un poco de comida y que estemos ahí con ellos. Los perros perciben nuestras tristezas, nuestras alegrías y nos devuelven su presencia incondicional.
Nunca, pero nunca en la vida vamos a encontrar el amor de un perro en otro lado. Un perro no entiende de enojo, bronca o resentimiento. Podemos pisarlo sin querer, y en vez de ladrarnos, se va a poner al lado nuestro para que lo acariciemos. Podemos olvidarnos de darle de comer, y no va a estar enojado. Solamente va a tener hambre.

Nosotros vivimos en el tiempo, ellos viven en la eternidad del instante. Eso es, al fin y al cabo, lo único que nos dejan. Mientras la gente deja ropa, joyas, autos, casas, plata, los perros simplemente nos dejan instantes. Y está bien que sea así, porque nos damos cuenta de todo lo que no necesitamos para ser felices.

Pero ella no era mi perra. Era mi hermana.
Yala, te quiero. Y no te fuiste a ningún lado, porque vas a vivir para siempre.
Gracias por la simpleza de tu amor. Y perdón por todo lo que no te pude dar.
7/4/1999 - 27/2/2014

Si tienen un perro, acarícienlo, jueguen, quiéranlo. Son irremplazables, y solo viven para nosotros. Es lo mínimo que podemos darles a cambio.


Samstag, 19. April 2014





Entre los miles de artículos que hay sobre García Márquez,
 encontré este prólogo para un diccionario.
Habla de muchas cosas, pero sobretodo de las diferencias entre unas y otras.
Espero que lo disfrutéis.
Hoy nada de perros,solo una foto.










Gabriel García Márquez (Prólogo al diccionario Clave de la editorial SM)


Tenía cinco años cuando mi abuelo el coronel me llevó a conocer los animales de un circo que estaba de paso en Aracataca. El que más me llamó la atención fue una especie de caballo maltrecho y desolado con una expresión de madre espantosa. “Es un camello”, me dijo el abuelo. Alguien que estaba cerca le salió al paso. “Perdón, coronel”, le dijo. “Es un dromedario.” Puedo imaginarme ahora cómo debió sentirse el abuelo de que alguien lo hubiera corregido en presencia del nieto, pero lo superó con una pregunta digna:
–¿Cuál es la diferencia?
–No la sé –le dijo el otro–, pero éste es un dromedario.
El abuelo no era un hombre culto, ni pretendía serlo, pues a los catorce años se había escapado de la clase para irse a tirar tiros en una de las incontables guerras civiles del Caribe, y nunca volvió a la escuela. Pero toda su vida fue consciente de sus vacíos, y tenía una avidez de conocimientos inmediatos que compensaban de sobra sus defectos.
Aquella tarde del circo volvió abatido a la casa y me llevó a su sobria oficina con un escritorio de cortina, un ventilador y un librero con un solo libro enorme. Lo consultó con una atención infantil, asimiló las informaciones y comparó los dibujos, y entonces supo él y supe yo para siempre la diferencia entre un dromedario y un camello. Al final me puso el mamotreto en el regazo y me dijo:
–Este libro no sólo lo sabe todo, sino que es el único que nunca se equivoca.
Era el diccionario de la lengua, sabe Dios cuál y de cuándo, muy viejo y ya a punto de desencuadernarse. Tenía en el lomo un Atlas colosal, en cuyos hombros se asentaba la bóveda del universo. “Esto quiere decir -dijo mi abuelo– que los diccionarios tienen que sostener el mundo.” Yo no sabía leer ni escribir, pero podía imaginarme cuánta razón tenía el coronel si eran casi dos mil páginas grandes, abigarradas y con dibujos preciosos. En la iglesia me había asombrado el tamaño del misal, pero el diccionario era más grande. Fue como asomarme al mundo entero por primera vez.
–¿Cuántas palabras habrá? –pregunté.
–Todas –dijo el abuelo.
La verdad es que en ese momento yo no necesitaba de las palabras, porque lograba expresar con dibujos todo lo que me impresionaba. A los cuatro años dibujé al mago Richardine, que le cortaba la cabeza a su mujer y se la volvía a pegar, como lo habíamos visto la noche anterior en el teatro. Una secuencia gráfica que empezaba con la decapitación a serrucho, seguía con la exhibición triunfal de la cabeza ensangrentada, y terminaba con la mujer, que agradecía los aplausos con la cabeza otra vez en su puesto. Las historietas gráficas estaban ya inventadas pero las conocí más tarde en el suplemento en colores de los periódicos dominicales. Entonces empecé a inventar historias dibujadas sin diálogos, porque aún no sabía escribir. Sin embargo, la noche en que conocí el diccionario se me despertó tal curiosidad por las palabras, que aprendí a leer más pronto de lo previsto. Así fue mi primer contacto con el que había de ser el libro fundamental en mi destino de escritor.
Un gran maestro de música ha dicho que no es humano imponer a nadie el castigo diario de los ejercicios de piano, sino que éste debe tenerse en la casa para que los niños jueguen con él. Es lo que me sucedió con el diccionario de la lengua. Nunca lo vi como un libro de estudio, gordo y sabio, sino como un juguete para toda la vida. Sobre todo desde que se me ocurrió buscar la palabra amarillo, que estaba descrita de este modo simple: del color del limón. Quedé en las tinieblas, pues en las Américas el limón es de color verde. El desconcierto aumentó cuando leí en el Romancero Gitano de Federico García Lorca estos versos inolvidables: En la mitad del camino cortó limones redondos y los fue tirando al agua hasta que la puso de oro. Con los años, el diccionario de la Real Academia -aunque mantuvo la referencia del limón– hizo el remiendo correspondiente:del color del oro. Sólo a los veintitantos años, cuando fui a Europa, descubrí que allí, en efecto, los limones son amarillos. Pero entonces había hecho ya un fascinante rastreo del tercer color del espectro solar a través de otros diccionarios del presente y del pasado. El Larousse y el Vox –como el de la Academia de 1780– se sirvieron también de las referencias del limón y del oro, pero sólo María Moliner hizo en 1976 la precisión implícita de que el color amarillo no es el de todo el limón sino sólo el de su cáscara. Pero también ella había sacrificado la poesía del Diccionario de Autoridades, que fue el primero de la Academia en 1726, y que describió el amarillo con un candor lírico: Color que imita el del oro cuando es subido, y a la flor de la retama cuando es bajo y amortiguado. Todos los diccionarios juntos, por supuesto, no le daban a los tobillos al más antiguo, compuesto en 1611 por don Sebastián de Covarrubias, que había ido más lejos que ninguno en propiedad e inspiración para identificar el amarillo: Entre las colores se tiene por la mas infelice, por ser la de la muerte y de la larga y peligrosa enfermedad, y la color de los enamorados.
Estos escrutinios indiscretos me llevaron a comprender que los diccionarios rupestres intentaban atrapar una dimensión de las palabras que era esencial para el buen escribir: su significado subjetivo. Nadie lo sabe tanto como los niños hasta los cinco años y los escritores hasta los cien. Los sabores, los sonidos y los olores son los ejemplos más fáciles. Hace muchos años me despertó a media noche la voz de un cordero amarrado en el patio, que balaba en un tono metálico de una regularidad inclemente. Uno de mis hermanos menores, deslumbrado por la simetría del lamento, dijo en la oscuridad: “Parece un faro”. Una tisana hecha con hierbas viejas tenía el sabor inconfundible de una procesión de Viernes Santo. Cuando al Che Guevara le dieron a probar la primera gaseosa que se hizo en Cuba para sustituir el refresco del Cuba Libre, dijo sin vacilar ante las cámaras de televisión: “Sabe a cucaracha”. Más tarde, en privado, fue más explícito: “Sabe a mierda”. ¿Cuántas veces hemos tomado un café que sabe a ventana, un pan que sabe a baúl, un arroz que sabe a solapa y una sopa que sabe a máquina de coser? Un amigo probó en un restaurante unos espléndidos riñones al jerez, y dijo, suspirando: “¡Sabe a mujer!”. En un ardiente verano de Roma tomé un helado que no me dejó la menor duda: sabía a Mozart.
Creo que este género de asociaciones tiene mucho que ver con las diferencias entre un buen novelista y otro que no lo es. En cada palabra, en cada frase, en el simple énfasis de una réplica puede haber una segunda intención secreta que sólo el autor conoce. Su validez tendrá que ser distinta de acuerdo con quien la lea y según su tiempo y su lugar. Cada escritor escribe como puede, pues lo más difícil de este oficio azaroso no es sólo el buen manejo de sus instrumentos, sino la cantidad de corazón que se entregue en el único método inventado hasta ahora para escribir, que es poner una letra después de la otra.
Para resolver estos problemas de la poesía, por supuesto, no existen diccionarios, pero deberían existir. Creo que doña María Moliner, la inolvidable, lo tuvo muy en cuenta cuando se hizo una promesa con muy pocos precedentes: escribir sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario de uso del español. Lo escribió en las horas que le dejaba libre su empleo de bibliotecaria y el que ella consideraba su verdadero oficio: remendar calcetines. Lo que quería en el fondo era agarrar al vuelo todas las palabras desde que nacían. “Sobre todo las que encuentro en los periódicos –según dijo en una entrevista– porque allí viene el idioma vivo, el que se está usando, las palabras que tienen que inventarse al momento.” En realidad, lo que esa mujer de fábula había emprendido era una carrera de velocidad y resistencia contra la vida. Es decir: una empresa infinita, porque las palabras no las hacen los académicos en las academias, sino la gente en la calle. Los autores de los diccionarios las capturan casi siempre demasiado tarde, las embalsaman por ordenalfabético, y en muchos casos cuando ya no significan lo que pensaron sus inventores.
En realidad, todo diccionario de la lengua empieza a desactualizarse desde antes de ser publicado, y por muchos esfuerzos que hagan sus autores no logran alcanzar las palabras en su carrera hacia el olvido. Pero María Moliner demostró al menos que la empresa era menos frustrante con los diccionarios de uso. O sea, los que no esperan que las palabras les lleguen a la oficina, sino que salen a buscarlas, como es el caso de este diccionario nuevo que me ha llegado a las manos todavía oloroso a madera de pino y tinta fresca.
Y cuyo destino podría ser menos efímero que el de tantos otros, si se descubre a tiempo que no hay nada más útil y noble que los diccionarios para que jueguen los niños desde los cinco años. Y también, con un poco de 

suerte, los buenos escritores hasta los cien.


 Felices días.